Del siglo XVI, y ubicado en la zona Norte del cementerio anexo a la iglesia de Santa María a Nova. Cuatro columnas sostienen un techo piramidal con dos relieves muy desgastados y un baldaquino de piedra que alberga una cruz. Los relieves representan:

  • Las cuatro fases de la luna: Motivo poco común en el arte religioso gallego. Se asocia con los ciclos de la vida, la muerte y la resurrección. También podría tener relación con los ciclos lunares.
  • Escena de caza: Se muestra un animal herido que huye. En el imaginario medieval simbolizaban la persecución del pecado, la lucha del bien contra el mal o el paso del tiempo que persigue al ser humano. 

Este baldaquino tenía una función práctica  vinculada al antiguo ritual funerario. El intelectual y escritor Álvaro de las Casas documentó que el templete funcionaba como un lugar de acogida de cadáveres, donde el sacerdote rezaba a los difuntos las últimas oraciones ou responsos a pie de calle antes de entrar a la iglesia de Santa María. 

En Galicia tan sólo existe otra estructura de este estilo en Baiona (Pontevedra). 

 

 
 
 
 
 
 
 
 

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